Aunque tenemos varias especies del género platanus el mas extendido y usado en Europa y América es el Plátanus x hispánica, conocido así porque surge de la hibridación del Platanus orientalis y Platanus occidentalis se cree que ante la masivas plantaciones llevadas a cabo por Felipe II en Aranjuez en el siglo XVI. Aunque los ingleses consideran la aparición de este híbrido en Gran Bretaña por lo que los botánicos ingleses lo denominan Plátanus x hibrida.

Se trata de un imponente árbol de forma alto ovoidal que si no se interviene nunca su crecimiento se facilita un desarrollo ortótropo y monopodial. Los ejemplares bien situados (suelo y clima) pueden alcanzar mas de 30 metros de altura y ocupar envergaduras de sombra de hasta 12 metros de diámetro.

Al ser grandes árboles es conveniente plantarlos  procurando suelos profundos de estructura que permita una buena irrigación en profundidad. Su amplitud abarca sobradamente todos los climas templados e incluso en climas calurosos, soportando incluso, la proximidad del mar.

Estos árboles han sido siempre «vasallos» del hombre y sus necesidades. Ya desde la antigüedad clásica griegos y romanos escogieron los plátanos –Platanus orientalis– para la sombra en plazas, ciudades, villas y jardines por ser densa pero sobre todo por la plasticidad que este árbol ofrece soportando numerosas podas dado su vigor y vitalidad.

Plinio El Viejo lo describe en su Historia Natural, libro XII, 6 donde cuenta como los romanos trajeron este árbol de otras tierras por tan buena cualidades para la sombra. Su nombre plátano proviene de terminología griega platys que alude al ancho y forma de sus hojas.

El Platanus x hispánica pudo llegar a Europa desde España a través de los territorios de Flandes y su uso concreto en la formación de hileras en carreteras lo que se popularizó durante siglos siendo uno de los árboles más usados en la expansiones urbanísticas llevadas a cabo por Napoleón en ciudades de Francia, Italia y España.

El uso del plátano como árbol de carretera proceda posiblemente de el siglo XVI en España pero, especialmente desde el siglo XVIII y XIX en toda Europa central, dando lugar a ejemplares de copas altas dispuestos en alineaciones que aun hoy podemos ver en muchas ciudades italianas, francesas, portuguesas y desgraciadamente ya en muy pocos casos en España.  Hay ejemplares que se estiman tienen más de 300 años.

El plátano de sombra ha tenido en España un gran enemigo: El MOPU. Aunque desde su fundación en 1.847 el MOPU fuera el organismo que más plátanos haya plantado en la historia de nuestro país, con hiladas que partían desde casi el centro de las ciudades por cada carretera de salida o paso y a veces, hasta una veintena de kilómetros que era la distancia que permitía tener persona de cuidado y gestión (plantaciones, riego, limpiezas y podas), con la llegada de la mecanización de poda; la motosierra, el destino de estos «amigos» de la urbanidad iba cambiar hasta los desastres y casi extinción de este majestuoso árbol.

Las motosierras facilitaban y reducían los tiempo de trabajo de limpieza y poda, incluso, se llego a pensar que de la misma manera que los frutales y árboles agrícolas se regeneraban por el efecto del vigor y la vitalidad, generaciones de ingenieros proponían estas prácticas para la regeneración de los árboles, de sus copas y el saneamiento. Carreteras que fueron frescas, sombreadas, recepción de llegada de muchas ciudades de repente empezaban a tener problemas de caídas de ramas, arboles que se debilitaban y ramas que reaccionaban a las podas drásticas mal dirigidas, mal estructuradas y cada vez más peligrosas y débiles a los envites del viento y las tormentas.

No obstante, esto nunca se reconoció y todos los lugareños tomaron muestra de lo que los ingenieros y personal del MOPU hacia, y claro está, no podía haber mejor ejemplo.

El plátano sigue siendo uno de los GRANDES ÁRBOLES del clima templado con el crecimiento más rápido de buena adaptabilidad, pero además es uno de lo más plásticos que existe como se puede comprobar en la maravillosa marquesina vegetal que los jardineros de Burgos hacen con las copas de los plátanos del Paseo del Espolón, para quitarse el sombrero.

Confío además, que será uno de lo buenos árboles para los retos del cambio climático, y los paisajistas que quieran desprenderse de este clásico, tendrá muy difícil encontrar sustituto tan majestuoso.

El plátano ha tenido dos grandes enemigos desde el siglo XX; por un lado y como hemos comentado, la motosierra; de otro lado, el urbanismo cada vez de suelos más duros: asfalto, aceras, enlosados, etc que han dado lugar a una presencia incomoda del árbol y sus necesidades naturales de renutrición y renovación de las hojas -suciedad urbana-.

Hoy día su presencia, no solo se evita sino que se niega y en la búsqueda de sustitutos vivimos un periodo de «crisis e indecisión en el arbolado urbano»

Mi plátano ya crece en mi parcela de Basardilla, será natural con su crecimiento puramente ortótropo y con la esperanza de quienes lo cuiden mañana, le dejen ser grande, como es.

Guillermo Cuadrado

Jardinero

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