Un lugar ameno, o describiendo mejor, agradable, placentero, que induce a la serenidad y la paz, donde al poco, nos sentimos relajados y tranquilos hasta poder dormir.
Esta terminología latina, recuperada en la baja Edad Media e inicio del Renacimiento, recuperada de la literatura clásica; poesía de la época de Augusto, o mas anterior, los 8 libros de la Eneida conservan y mantienen un tropo que puede hoy corresponderse con un paisaje o imagen compuesta de una serie de elementos que siempre han de estar, independientemente de su ubicación, distribución, colocación. Son elementos esenciales para determinar la característica típica o propia de un LUGAR idílico, inmanente.
Encontraremos lugares ideales, en numerosas obras clásicas, especialmente de tipo épico, lugares alcanzados o logrados como recompensa de determinadas hazañas, donde conseguir la reconciliación con los dioses, o un estado de revelación, transformación o plenitud.
El topos del tropo requiere de la presencia de elementos naturales precisos, para procurar el ambiente idóneo. Un paisaje de recursos capaces de interferir sobre el ánimo, de bella percepción, de agradable rumor, de fresco olfato, de gustoso y confortable tacto, y saciar la sed.
Los elementos imprescindibles:
Agua fresca y corriente; un arroyo, una fuente o manantial.
Vegetación, especialmente un prado florido de hierba fina.
Sombra, preferentemente de un árbol.
La armonía de todos los elementos del lugar. Dispuestos sobre un medio natural, de líneas onduladas, la presencia de pájaros e incluso, ligeras brisas, amplitud de cielo con el paso de las nubes, y un lugar para el reposo.
El concepto del lugar idílico que define Locus amoenus trasciende en paralelo a otro lugar idílico, tan esperanzador y pacifico como El Paraiso.
Ambos conceptos describen parecidos paisajes y ambos inspiran a los hombres a la recreación cuanto antes, de la muerte o, la vejez, concebir donde poder encontrar la serenidad, la paz y el descanso sin perder la existencia.
Nostalgia del Paraíso
El Verbo, la palabra eterna. De El procede todo lo que existe: La tierra, el aire, el agua, las montañas, los valles, etc. Es el jardín de El Edén, (El Edén es un gran desierto), y más allá, al Este del Edén, un paradeíso. El desierto es el paisaje mas contrapuesto al jardín, al paisaje vivo.
«Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín del Edén, para que lo guardara y lo cultivara. Genesis 2, 15. «Haceos súbditos de la tierra»
Adán, es un nombre que procede del término hebrero Adamah (tierra cultivada, labrada). Eva, es o son los frutos cultivados. madre de la vida.
El jardín creado por Dios al Este del Edén estaba cercado solo con una entrada. En su interior se reunían todas las criaturas -seres vivos- del mundo que podían pacer libremente al amparo de la fuente que derramaba a cuatro grandes ríos. En el centro del jardín el Árbol del conocimiento del bien y del mal. Y en otro lugar, el Árbol de la vida.
Con todos estos elementos el PARAISO ofrecía las necesidades fundamentales de la buena vida:
Amparo -la protección de Dios-
Seguridad -Recinto cercado y cerrado-
Conocimiento -Arbol del conocimiento del bien y del mal-
Agua, alimentos y fertilidad.
Este concepto de Tierra eterna, transcendió desde la religión hebrea, la cristianismo y posteriormente al Islam, tomado de un lugar que los Sumerios denominaron Dilmún -Lugar donde nace el sol. Una tierra virginal y prístina, donde los leones no matan, lo lobos no roban corderos y los cerdos siempre están limpios-
Los griegos imaginaban un lugar mucho más humano de paisajes concebidos por el hombre, armonizados entre las necesidades y el medio. Los Campos Elíseos y la Arcadia eran destinos para una vida en paz, habitando con poblaciones de pastores y campesinos en comunión con la naturaleza, como la leyenda del Buen Salvaje, retornando al medio natural.
Avalon, según la leyenda era una tierra de Celtas donde los ¿manzanos? dan sabrosa fruta todos los días del año, habitan reinas y hadas dispuesta a ayudar. (Hay que mencionar que las manzanas fueron introducidas en Inglaterra por los cistercienses en la baja edad media).
Yanna, es el mismo paraíso, ubicado casi hacia el mismo territorio pero con otros alicientes que permiten una resurrección para disfrutar de placeres prohibidos durante la vida y que, han de ser merecida recompensa. Un lugar tan maravillosamente dispuesto de elementos vivos como de palacios y recintos mágicos que nunca podrán igualar, el mejor palacio o jardín de la tierra. Las descripciones del paraíso islámico descritas por Mahoma, incentivaron a los creyentes del islam a intentar recrear cuanto más la belleza del paraíso a sabiendas, de no poder nunca por impedimento de Alá, igualar en belleza y magia. Por ese motivo podemos encontrar en la jardinería islámica de las mas bonitas destrezas ambientales y decorativas.

SI NO PODEMOS ALCANZAR EL CIELO, DESCUBRAMOS LA TIERRA. s. XIV – XV
Desde Virgilio en Las Geórgicas, se ha contado de los placeres de determinados lugares más allá de las ciudades, de las poblaciones y las gentes, lugares donde la sencillez de la vida agrícola y del campo procuraban estados de bienestar.
Garcilaso nos trae este idílico espacio a literatura del renacimiento español en su Églogas.
Suficiente ha sido la literatura que ha repetido el tópico locus amoenus hasta bien llegado el siglo XV. Héroes, soldados y personajes relevantes buscan para finalizar y descansar un TROPO, un lugar. Un lugar para relajarse y descansar. Soltar la armadura, desprenderse de la espada, dejar pacer el caballo, beber agua fresca y recostarse para perder la mirada entre la miles de florecillas del prado, el cielo y sus nubes, hasta dormirse, sin temor alguno.
Este lugar de reposo y descanso, (en algunos textos espacio también de diversión y ocio) tiene un pequeño inconveniente y es, que el hombre no podría dejarse sin más, como si de una perdida de tiempo fuera o, UN PASATIEMPO INUTIL. Por lo tanto el LOCUS AMOENUS ha de ser también un loci amoeni riverains o LUGAR REVELADOR. El descanso habrá de procurar un sueño revelador, un nuevo pensamiento que mejore nuestra existencia.
Podemos comprender por tanto la importancia que el jardín puede alcanzar en nuestros días como espacio de descanso y revelación de nuestra verdades secretas y ocultas, imposibles de conocer o descubrir mientras nuestras vidas no logren, no solo la serenidad o tranquilidad del ser sino, el lugar propicio para alcanzar el mejor de este estado de paz.
La inspiración de todo jardín, habría de iniciarse desde este principio ancestral que reconocer un buen lugar cuando el agua, la sombra de un árbol, una vegetación fresca y vital, y todo, debidamente armonizado se componen para alcanzar LA PAZ.
Los jardines ahora, cada vez más, estan siendo reconocidos como espacios de biodiversidad, de apuesta por la recuperación de nuestros daños ambientales, etc. pero también, porque los jardines ayudan y promueven la tan necesitada por siempre, paz entre los hombres.

Guillermo,
Jardinero.